Simplemente una locura, pero de esas que se gozan a mil. “La Sustancia” es una película que juega con múltiples elementos que puede leerse de tantas formas como queramos y en eso radica su magia. Es una película perfecta de horror extremo y corporal, pero también es una comedia sarcástica sobre la sociedad actual, el culto al cuerpo, e incluso un drama descarnado sobre la fama y su precio. Es todo eso y más. Simplemente una genialidad que no se ve muy a menudo.
Demi Moore raya la perfección en esta película. Interpreta a Elisabeth, una actriz que supera los 50 años y que comienza su decadencia cuando, los productores del programa de televisión tipo ejercicio que hace, comienzan a especular que necesita un reemplazo más joven. Ahí, decide probar “La Sustancia” que promete entregarle una versión más joven de sí misma, literalmente (una excelente Margaret Qualley). Ahí la cinta explota en locura, pero también en genialidad y comenzamos a ver el deterioro corporal (de lo más explícito) de la original y su réplica.
Definitivamente no es una película fácil, en especial debido a que no escatima nada a la hora de mostrar la degradación del cuerpo, las heridas y la sangre que por momentos sale a borbotones. Es que ahí es donde la cinta se acerca a lo más extremos del cine corporal con claras referencias a David Cronenberg (en especial “La Mosca” y “Crímenes del Futuro”), al que parece rendirle homenaje, porque a su vez entiende que el horror corporal va más allá de la degradación del cuerpo, es un espejo de la degradación del alma e incluso de la moralidad de los personajes, y no solo se queda en esas referencias, ya que la directora Coralie Fargeat, plaga la película de mensajes, planos y momentos que homenajean (o nos dice algo) sobre el cine de entretención y en especial sobre el cine de terror. “La Sustancia” juega con ese concepto en toda su estructura, dónde las mujeres son arrastradas a la degradación por los hombres y en dónde la cinta explicita ese culto decadente al cuerpo sin alma, tan presente en el cine de monstruos. Es curioso que la cinta tome prestada varias lecturas a lo que fue otra cinta sobre envejecimiento y búsqueda de la juventud: “La muerte le sienta bien” de Robert Zemeckis, aunque tenía un tono mucho más de comedia disparatada que «La sustancia», donde la densidad, en especial en su primera parte, deja poco espacio para la risa. No así en la segunda parte, que muchos la leyeron como una comedia desatada.
Y las referencias son tantas, que también es una gozada buscarlas y descubrirlas.
Es interesante también la lectura que la directora hace de los personajes masculinos, todos vacíos y caricaturescos, que son marionetas del sistema y que, además, son los monstruos reales sin alma que empujan la decadencia de la entretención y de las personas. Se puede leer como un guiño feminista, pero también como un sarcasmo al cine y a la entretención actual en general, donde cada vez necesitamos más y más para sorprendernos y entretenernos. Y ahí es donde el comentado acto final tiene sentido. La exageración del show bussiness (del negocio de la entretención) plasmada en una secuencia hilarante y extrema, difícil de ver y entender, pero simplemente genial. Una secuencia que pasará a la historia por lo ridícula que pueda ser para algunos, pero al mismo tiempo por la profundidad con la que puede leerse. Sin spoiler, pero la sola imagen final es de un simbolismo exquisito.
Una película muy difícil y compleja, pero que si se aguanta, es una experiencia artística que no se ve muy seguido. De tantas lecturas como queramos, “La Sustancia” es un producto superior y que podrían escribirse cátedras sobre ella y su representación. Todo, además, usando al horror como género. Simplemente una genialidad. Una obra maestra.
(Foto captura Youtube)