Apoteósica y entretenida. La nueva entrega del llamado monsterverse (universo de monstruos) es una secuela directa de “Godzilla versus Kong” (está en Max) y viene recargada de monstruos y acción, relegando a los personajes humanos a un sano segundo (y tercer) plano.
La historia nos remonta al pasado de Kong y su rivalidad con Godzilla, en el cross over del multiverso de monstruos que se inició con la versión de Godzilla del 2014. Acá se sigue la línea temporal que nos dejó la lucha entre los titanes o kaijus (en rigor es la quinta entrega) y se enfrentan a una amenaza más grande que los obliga a poner una pausa en su lucha para trabajar unidos.
Es una película hecha a medida de los fanáticos y fanáticas de los monstruos porque la historia se centra en ellos y dominan el metraje en desmedro de los humanos que parecen más un accesorio en torno a la dominación. A diferencia de lo que ocurrió con la japonesa «Godzilla minus one» (que se llevó un Oscar por sus impresionantes efectos especiales), en la que los humanos eran tanto o más importante que el monstruo.
Es una película simple en construcción, pero compleja en su visualidad. El director Adam Wingard (responsable de la entrega anterior) parece haber escuchado los “reclamos” de quienes pedían más presencia de los monstruos y regala secuencias de lucha tras lucha de los titanes. Si bien por momentos resulta abrumadora, la cinta es efectiva en entretención sin más, aunque hay que reconocer que el exceso de CGI (imágenes generadas por computador) resulta un tanto agotador, es un carnaval de acción.
Producida por Eric McLeod y escrita por Terry Rossio, Jeremy Slater, Simon Barrett, y protagonizada por Dan Stevens, Rebecca Hall, Brian Tyree Henry, Kaylee Hottle, Fala Chen, Alex Ferns y Rachel House, la película cumple y seguramente será un festín para los amantes de los monstruos gigantes.
Entretenida a más no poder, resulta un poco vacía, pero cumple con su objetivo básico: entretener. Cada secuencia de acción se hace compleja y eso quizás le quita un poco de emoción por exceso, pero hay que reconocer que genera placer al ver batallas en grandes ciudades y la destrucción en reconocidos escenarios. La secuencia final en Rio de Janeiro resulta de los más entrenida.
En suma, entretención garantizada. Ideal para ver en una pantalla gigante (tipo IMAX) y con el mejor sonido. Su valor radica ahí, como experiencia de entretención simple y directa.
Foto: captura de Youtube