La segunda temporada de la serie de Netflix hizo lo impensado: ser más original que la temporada uno y seguir siendo divertida. En la primera parte, Nadia, nuestra entrañable protagonista, cae en un bucle que la obliga a vivir una especie de «día de la marmota» muy, muy macabro.
En esta segunda temporada y ya resuelto algunos hilos, la historia podría haber sido un repetitivo revisionado de lo que pasaba en la temporada anterior, pero no, si bien sigue jugando con el tiempo, la situación ahora se va a los viajes en el tiempo poniendo aún más elementos complejos en la trama, pero sin sacrificar su tono y la diversión.
Es una locura por donde se le mire, pero que resulta un ejercicio espectacular de show televisivo con elementos profundos, sarcásticos y filosóficos sobre el origen, las consecuencias, el entorno, la vida y las relaciones familiares y sociales. Hay momentos que parecieran sacados de una cinta surrealista (al estilo David Lynch, pero en tono comedia) y el juego de los ya casi manoseados multiversos, acá funcionan con una cuota de genialidad envidiable. Los escritores se esmeraron por darle lógica a lo ilógico (ojo con los dos últimos capítulos con Nadia y Nadia) y en situarnos en un entorno mágico.
Esta temporada es una revelación y un goce en todo sentido, quizás con algunos elementos menos logrado (como la historia secundaria sobre el muro de Berlin) y con momentos que rayan en el ridículo (pero que funcionan), hacen que no sea perfecta, pero vaya que se acerca bastante. Natasha Lyonne está magnifica como Nadia y además como creadora junto a Amy Poehler y Leslye Headhand, nos da una serie tan magnifica como interesante.
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