La nueva película de David Cronenberg (“Videodrome”, “La Mosca”) vuelve a tocar los temas que parecen obsesionar al director canadiense: el cuerpo y sus mutaciones. Un tema que ya tocó en diversas películas, desde las clásicas (“The brood”, El Engendro, 1979) que lo transformaron en un referente del horror corporal hasta otras más cercanas (“Crash”, 1996).
La película está protagonizada por Viggo Mortensen, Léa Seydoux and Kristen Stewart y nos sitúa en un futuro distópico, donde la humanidad desarrolló mutaciones del cuerpo que hace que algunas personas desarrollen órganos nuevos, además de una inmunidad a las infecciones. En ese mundo un grupo de artistas desarrolla presentaciones dónde se extraen órganos o crean mutaciones de sus cuerpos. Además, un grupo de personas se opone a la extirpación de los órganos nuevos apelando a la evolución del cuerpo.
Lo primero: es menos grotesca de lo que parece. Si bien, el director canadiense nos mostró algunas de las escenas más grotescas de la década de los 70 y 80 (como olvidar a Samantha Eggar comiendo un cordón umbilical en “El Engendro” de 1979 o la asquerosa transformación corporal de Seth Brundle en “La Mosca” de 1996), en esta ocasión lo grotesco está remitido a un par de escenas que no llegan a traspasar el límite para los estándares actuales (“Raw” es un ejemplo de ello). Sí generan incomodidad y curiosidad, en especial cuando la cinta intenta explicarnos en detalle la evolución de esta distopía y cómo la humanidad llegó a ese nivel. Hay alusiones un tanto gruesas al cambio climático y la destrucción del entorno, pero que funcionan perfecto para entender un mundo lleno de suciedad y fealdad.
La película nos muestra con parsimonia ese proceso. Nos arrastra lentamente, tal como si fuéramos testigos de una operación delicada, pero llena de detalles sangrientos, realizada en una sala de operación ochentera, pero con tecnología futurista. Esa dualidad es la que hace que la película funcione y atraiga. Sucio y moderno, algo que ya hemos visto en numerosas cintas de ficción, pero que acá se hace más brutal al detallar el cuerpo humano como repositorio de esa fealdad. Hay momentos que recuerdan a “Crush” y otros a “Naked Lunch” (en especial en el diseño de los utensilios médicos).
Si bien puede resultar perturbadora para algunos, también puede ser decepcionante para los amantes del “gore” más extremo. A pesar de lo grotesco, las imágenes tienen una sucia belleza (obra de la estupenda fotografía y diseño) y se nota la mano del director canadiense. Si algunas de sus ideas son más toscas y repetidas, siempre es un placer volver a la carnalidad que nos da Cronenberg.
La película está en la plataforma MUBI.