Kalkutún: Jorge Olguín regresa al folk horror en su película más compleja e irregular

Kalkutún: juicio a los brujos: imagen de la reseña en El Rincón del Cinéfago

Es, sin duda, la película más compleja de Jorge Olguín: una historia inspirada en hechos reales, con múltiples personajes y un escenario increíble. Todo se mezcla con la mitología chilota, tan rica en monstruos, y la cinta aprovecha al máximo sus paisajes, retratando un Chiloé a plena luz, con sus matices y su gente. Es irregular, pero es un gran esfuerzo en un género poco explorado en Chile como el terror, y más aún como ejercicio de folk horror (terror folclórico), que demuestra el enorme potencial que tenemos para estas historias.

En 1880, mientras en el norte se desarrollaba la Guerra del Pacífico, en Chiloé se gestaba un juicio contra los miembros de la Recta Provincia o La Mayoría, como se conocía al grupo de hechiceros, brujas y brujos que habitaba el archipiélago. Un fiscal (Juan Carlos Maldonado) es enviado a investigar y a iniciar un juicio contra los responsables, a quienes se acusaba incluso de asesinato. El gobernador de la isla (Bastián Bodenhöfer) quiere terminar con las especulaciones y con la posibilidad de que el grupo se convierta en un contrapoder. En ese contexto, varias personas son detenidas y torturadas, mientras se descubre la verdad sobre los poderes que esconde esta sociedad secreta.

Inspirada en el juicio real, documentado en Memoria Chilena, la película explora varios temas, algunos con mejores resultados que otros. Hay una intención clara, y ese es uno de sus mayores méritos: explorar lo místico desde una base documental y el miedo a lo desconocido y a los poderes de una isla famosa por sus historias. Acá, el foco está en el contrapoder y en cómo, por pragmatismo, la autoridad roza los límites para mantenerse, incluso aprovechando el mismo misticismo que persigue. Es un mensaje que la película deja muy claro.

Decir que es la película más compleja de Jorge Olguín no es poco. Su filmografía, centrada en el terror, lo convierte en un referente obligado del género en Chile, y ha tocado varias teclas: las venganzas sangrientas en Ángel negro, ese gran debut; el poder de las tribus urbanas en Sangre eterna, su mítica película de vampiros; los zombis en Solos, y las casas embrujadas en La casa. Con las leyendas ya se había cruzado en Caleuche: El llamado del mar, sobre el famoso barco fantasma, y en Gritos del bosque, donde la naturaleza se alzaba frente a la depredación de sus recursos. Es un verdadero amante del terror, que no descansa y que ha mantenido vivo el género en una filmografía nacional que le dedica muy poco espacio.

Entre sus mayores aciertos, además de la claridad de su mensaje, está mostrar a Chiloé en todo su esplendor. La fotografía destaca no solo por la belleza de los paisajes, sino porque se aleja de la oscuridad y entrega detalles incluso en las secuencias nocturnas o más perturbadoras. Es un gran acierto, que hace que esos paisajes se sientan orgánicos e integrados: esta historia no sería la misma en otros escenarios, sin esa ruralidad casi virgen que se plasma en bosques, ríos y cascadas.

Eso, precisamente, contrasta con su ritmo, que es muy irregular: a veces avanza a tropezones y otras con fluidez. El montaje no parece prolijo, y se nota en sus más de dos horas de duración, con momentos dedicados a la investigación y otros a retratar a los miembros de la Recta Provincia que no logran calzar ni integrarse. Hay fundidos innecesarios que entorpecen el avance de las secuencias, y la sobremusicalización juega muy en contra a la hora de enfatizar las escenas más potentes: como todo se siente sobreestimulado, el montaje no nos deja percibir cuándo estamos en los momentos álgidos. Eso corta varias secuencias que podrían haber sido magníficas.

El guion también contribuye a esa falta de fluidez. Hay personajes que se esbozan y generan empatía, pero no alcanzan a cuajar del todo para entender la dimensión de la historia. Esa coralidad no se desarrolla por completo, y eso hace que la cinta se sienta pesada en algunos pasajes, aunque nunca aburrida. Sobran diálogos inconducentes y explicaciones; en otras palabras, le sobra metraje. Las actuaciones son buenas en general, en especial las de los personajes principales.

Es una película valiosa por su aporte al género local, aunque queda con muchas deudas, sobre todo en el desarrollo de sus personajes. Logra despegar en su final, con sus vueltas de tuerca y un cierre magnífico, pero se resiente por su extensión. Su ambientación, su gran atmósfera y un par de secuencias espléndidas podrían haber tenido un impacto mayor.

En resumen, no es la mejor de Olguín, pero sí un gran ejercicio que mezcla el folclor con el horror y que demuestra que nuestro país está plagado de historias con potencial para el terror. Solo hay que hacerlas.

Mira el análisis en video

TítuloKalkutún: juicio a los brujos
Año2026
Duración152 minutos
GéneroTerror (folk horror)
Dirección y guionJorge Olguín
Reparto principalJuan Carlos Maldonado, Camila Oliva, Bastián Bodenhöfer y Nicolás Zárate
DistribuciónCinecolor Films Chile
Estreno en Chile22 de octubre de 2026
Dónde verlaEn cines
IMDbVer ficha en IMDb

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Imagen de Omar Orellana

Omar Orellana

Periodista, ingeniero comercial y licenciado en Cine, con magíster en Escritura de Guion Cinematográfico. Escribe sobre cine, series y libros en El Rincón del Cinéfago.

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