Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma está en MUBI y es una especie de metacine que deconstruye el slasher (asesinos en serie) de los 80. Su base más evidente es Viernes 13 y su Jason Voorhees (nada más adecuado, dado el reciente estreno de la serie Crystal Lake). Una cinta arriesgada, pretenciosa y divisiva, pero un gran canto de amor, en tono autoral, a los monstruos y a cómo el horror, sin quererlo, se transformó en un referente para la población queer del mundo. Aunque el exceso de ideas le juega en contra.
Kris (Hannah Einbinder), una directora de cine que logró su primer éxito recreando la escena de la ducha de Psicosis, de Hitchcock, desde la perspectiva de la cortina (sí, un chiste que la película reitera y que toma mucho sentido), viaja hasta el campamento donde se filmó la primera película de una saga de horror para encontrarse con su protagonista original, Billy Presley (Gillian Anderson). Campamento Miasma fue un éxito en los 80 y los estudios buscan un reboot con elementos de terror elevado. Ambas entablan una relación en la que «Pequeña Muerte», el asesino de la saga, tiene algo más que decir.
Jane Schoenbrun, que dirige la cinta, fue responsable de otra película divisiva y un tanto errática, El brillo de la televisión (que está en Prime Video), en la que plasmó muchas de las obsesiones que en Campamento Miasma se vuelven más evidentes. Un ejercicio de cine complejo, pero también pretencioso, y por eso muchas veces incomprendido. Acá su trabajo es una especie de sátira, en clave meta, sobre el cine de asesinos en serie que abundó en los 80. Sus dos grandes referencias son Viernes 13 (desde la segunda en adelante) y Sleepaway Camp, donde se explicita mucho de lo que hoy parecen incorrecciones, como la cosificación de las mujeres y la homo/transfobia, que eran habituales y celebradas en la época. Eso es la superficie, lo evidente, porque la cinta toca tantas teclas que por momentos cuesta seguirle el ritmo.
Su primera intención, que se ve perfectamente reflejada en sus minutos iniciales, es el amor por el terror sin juzgar sus incorrecciones. La secuencia inicial sobre la ficticia saga Campamento Miasma es perfecta: hay nostalgia, referencias marcadas y un juego de metacine que se disfruta. Un amor que traspasa la pantalla y que seguro hará conexión inmediata con quienes crecimos amando el cine de terror ochentero. Ahí la película es un festín. A pesar de su ritmo pausado y de su intencional tono burlesco (las muertes son descaradamente ridículas), nos mete en ese juego de mirar algo anacrónico, pero comprensible en su dimensión. Es una invitación sustancial a entender por qué y cómo se hacían esas películas. El tiempo dio su juicio y muchas no pasan ese filtro, pero Campamento Miasma invita a verlas sin él. Una gozada.
Así como esas referencias, hay otras que la película no esconde, y ese cúmulo es lo que hace que la cinta se sienta pesada y pretenciosa; y es que puede que lo sea. Las alusiones a la libertad sexual y el paralelismo entre orgasmo y muerte terminan por confundir, pero vaya que hacen reflexionar o, al menos, discutir: el cuchillo del asesino como una daga religiosa que «curaba» todo lo queer, o bien como un pulso irrefrenable de deseo. Vaya que Schoenbrun se esmeró en encontrar una lectura compleja para eso, y ahí depende mucho de qué tanto sintonicemos con esa visión. El juego con el cine moderno tampoco se queda atrás, y ahí, según mi perspectiva, cae en lo obvio: los productores siempre como seres malvados en busca de dinero. Las referencias a David Lynch y Wes Craven se sienten reiterativas y evidentes.
En lo formal, la cinta juega con una fotografía que mezcla una especie de fantasía (que nunca terminamos de dilucidar) con el grano de las películas ochenteras. De hecho, los mejores momentos ocurren cuando vemos, a través de las protagonistas, la cinta original, con sus imperfecciones, su ritmo y sus estereotipos. Vaya secuencia aquella. Las actuaciones son impecables, en especial la de Anderson, que construye una diva con matices, con atisbos de locura, soledad, temor, deseo y opresión.
No es para todos los gustos por errática y por momentos lenta, pero es una gozada si se conecta con sus temas y su mirada. Eso sí, hay que verla con brújula para no perderse en la densidad y el exceso de sus planteamientos.
Una cinta valorable que, en un tono muy personal (que hasta puede resultar molesto), nos plantea un postulado sobre el cine de horror y los moldes que dejó. Hoy esa incorrección pudo ser la vía de escape para muchas personas, y ese cuchillo, una señal de liberación. Toda una exquisita contradicción.
Ficha técnica
| Título | Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma |
| Título original | Teenage Sex and Death at Camp Miasma |
| Año | 2026 |
| Género | Terror |
| Dirección | Jane Schoenbrun |
| Reparto principal | Hannah Einbinder y Gillian Anderson |
| Distribución | MUBI |
| Estreno en MUBI | 2 de octubre de 2026 |
| Dónde verla en Chile | MUBI |
| IMDb | Ver ficha en IMDb |
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