Denis Villeneuve nos regala un ejercicio de cómo hacer una película épica con gran presupuesto. Un acierto en dirección, ritmo, efectos y personajes. No sin dejar de lado una impronta personal.

El cine de ciencia ficción tiene referentes importantes (más allá de la fallida, sí, fallida saga de Stars Wars (vengan los heaters) y ha logrado jugar con la evolución y personajes. Villanueve se consagra como uno de los directores contemporáneos más importante del género (qué ganas de verlo intentando hacer horror puro) tras la impecable y compleja “La Llegada”. Si bien acá se siente más convencional, más simple a la hora de crear estructuras, logra poner a sus personajes en el centro y a moldearlos a medida que avanza la historia. Esta historia mesiánica con tintes religiosos se siente repetida y si bien logra sacar buenos elementos del material, su simpleza puede ser un punto atrás que se salva con el desarrollo y las elecciones estilísticas y un ritmo más frenético.

Es la segunda parte del ascenso de Paul Atreides y su relación con el pueblo de Fremen y su lucha contra los Harnokennen, quienes los asolan para quitarte la “especia”. Toda una alegoría a los pueblos subyugados por los recursos naturales.

Técnicamente impecable, con un guion intrincado y que avanza perfecto, además de una que otra secuencia que imprime toda la personalidad del director. Mención aparte merece su banda sonora.

Una cinta que bordea el desarrollo perfecto y un ejemplo de cómo hacer una cinta de acción que no sacrifica a sus personajes ni a su historia. Buena y compleja. Además de un elenco plagado de estrellas. Un gran acierto. Excelente.

Foto: Youtube Captura

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