Es una película original de Netflix que aborda el fin del mundo desde una perspectiva inteligente pero siempre entretenida. El suspenso progresivo y las actuaciones la hacen muy efectiva. Además, la puesta en escena tiene mucha personalidad y hace que la historia nunca pierda coherencia.

Una familia disfruta de un fin de semana en las afueras de Nueva York cuando un repentino apagón digital afecta a la zona. El dueño de la casa llega a buscar refugio desatando desconfianzas mientras una serie de sucesos hacen aumentar la sensación de caos.

Es una película muy entretenida, que se nutre de intrigas y momentos aterradores. Hay algo de critica social, ambiental, pero nunca se centra demasiado en ningún tópico, lo que permite que se pueda leer desde varios ángulos, pero nunca deja la sensación de incomodidad e intriga.

Grandes actuaciones (Julia Roberts está impecable. Mahershala Ali y Ethan Hawke también destacan con buenas actuaciones) y una narración que aumenta en suspenso hacen de la película un buenísimo ejercicio de cine de catástrofe con una visión aterradora (y bastante creíble) sobre el fin del mundo.

A pesar de algunas preguntas sin respuestas, su resolución (sin novedad) cierra muy bien una historia que de seguro dejará largas conversaciones sobre las reacciones, miedos y posibilidades de un colapso mundial. La dirección de Sam Esmail es sólida y tiene secuencias que logran incomodar e incluso asustar.

Entretenida, pulcra y bien actuada. Un acierto en el subgénero del fin del mundo.

Foto: Poster oficial de Netflix

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