Prime Video relanzó en 2024 la historia de Betty, la fea, la emblemática teleserie colombiana que revolucionó el formato latinoamericano y se convirtió en fenómeno mundial. El proyecto buscó apelar a la nostalgia más pura y, recién en esta tercera temporada estrenada en 2026, parece entender por fin que ya no es una teleserie: es una comedia serial contemporánea, más convencional y un tanto alejada del melodrama clásico. Esa sinceridad le sienta bien… aunque solo a ratos.
La historia retoma —a medias— lo dejado por Betty, la historia continúa. En sus diez nuevos episodios volvemos a Ecomoda, que como ya es tradición, está nuevamente entre la quiebra y el cambio de manos. Betty mantiene una relación amistosa con Armando, mientras el regreso de el francés Michel reaviva el triángulo amoroso. También vuelven personajes esperados y se completa el añorado “Cuartel de las feas”, ahora convertido en un exitoso podcast. Mila, la hija de Betty y Armando, sueña (se obsesiona, más bien) con ser la diseñadora principal de la firma, mientras Hugo enfrenta el robo de sus bocetos y una demanda de un exnovio. Todo esto convive con múltiples regresos que funcionan como fan service, especialmente uno en el capítulo 10.
Ser demasiado severo con esta serie es injusto: nació como un producto de utilidad, casi un gesto de reparación cultural. Tras tantos remakes y reinterpretaciones, era lógico volver a la Betty original, y Prime Video lo hizo bajo el alero de RCN. Las dos temporadas previas pecaron de una ambigüedad incómoda, con personajes accesorios y un tono que no terminaba de cuajar. En cambio, esta tercera temporada por fin encuentra su identidad: una comedia simplona, bufonesca, que no intenta replicar la genialidad de la teleserie original. Betty, el regreso nunca fue Betty, la fea, y ahora la serie lo asume con honestidad.
Ese reconocimiento del formato no significa que la temporada despegue del todo. Hay momentos de humor tan absurdo que ni siquiera encajan en la comedia bufonesca; personajes que parecen versiones exageradas de sí mismos; y situaciones que ya se sienten demasiado repetidas. Ahí la historia queda al debe. Aun así, hay destellos del pasado que resultan deliciosos, aunque a veces cansen.
Mención aparte merece Marcela Valencia, el mejor personaje de esta temporada. Evoluciona, crece y madura sin dejar de ser ella misma. Es el ejemplo de cómo se puede avanzar sin perder esencia. Ojalá todos los personajes tuvieran ese nivel de desarrollo, porque varios siguen peligrosamente pegados en la caricatura.
Aun con sus clichés y bajones —que no son pocos—, esta tercera temporada es un pequeño culto y una mejora respecto a lo anterior. Para los fanáticos de Betty, será una entrega más llevadera, más honesta y más entretenida.
Foto captura de Youtube